Blog de Alfredo20032

Comentarios, desde la izquierda, de la actualidad política y social, con referencias esporádicas a otros temas más o menos relacionados.




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09 abril 2015

Novecento en el sigloXXI

La 2ª marcha por la dignidad, celebrada en Madrid el pasado 21 de marzo con ciudadanos procedentes de todos los rincones de España, parecía más una imagen del pasado, de principios del siglo XX, que del siglo XXI.

Esta apreciación tiene un carácter meramente descriptivo, sin ninguna connotación negativa y reconociendo sin ambages que la marcha ha tenido un éxito notable, aunque su repercusión posterior haya sido mínima. Es una de esas noticias que un día ocupan todos los medios de comunicación y al día siguiente  desaparecen sin dejar rastro.


El carácter "retro" de la marcha viene dado  por la iconografía y los carteles utilizados, por los lemas básicos: Pan, Trabajo, Techo y Dignidad, más propios de los primeros años del siglo XX y por el tipo de movilización, una marcha a pie como eje de la protesta, aunque como es lógico, muchos otros se incorporaron en autobús y otros medios de transporte y Madrid aportó muchos manifestantes.

Otro elemento que le da un carácter "vintage" es la estrategia de cambio proclamada: una huelga general para el otoño de 2015, coincidiendo, seguramente no por casualidad, con la convocatoria de elecciones generales. El hecho de que la convocatoria de esta supuesta huelga no este avalada por los sindicatos mayoritarios es un indice más del voluntarismo que está implícito en esta movilización.

Las 300 organizaciones convocantes de la marcha incluyen sindicatos minoritarios, asambleas 15M, mareas, colectivos de parados, plataformas ciudadanas específicas como la PAH o la PAHC y otros colectivos, todos ellos con un cierto carácter antisistema. También tienen el apoyo de algunos partidos como Podemos, IU o EQUO, siempre proclives a combinar actuaciones institucionales con convocatorias de estas características, y del Foro Cívico de J. Anguita.

Lamentablemente, aunque los métodos y procedimientos sean más propios de otra época, las reivindicaciones básicas de la convocatoria tienen una insultante vigencia, como revelan los datos de parados sin cobertura, desahucios de primeras viviendas, algunas de ellas públicas y de carácter social, pobreza energética, y hambre de muchas familias que sobreviven gracias a sus familiares y a la solidaridad ciudadana de los bancos de alimentos, así como, a nivel macro, la evolución de la distribución de la renta nacional entre capital y trabajo que cada vez favorece más al capital. En España, se produce menos por la crisis y, además, se reparte peor.


En 2015, España forma parte la Unión Europea, somos supuestamente un país desarrollado y tenemos potentes sindicatos de clase y partidos políticos de izquierdas con representación institucional, que debieran de ser suficientes para que las reivindicaciones básicas que plantea la marcha del 21M no afectasen a una parte tan significativa de la población española como lo está haciendo. 

Es el momento de reivindicar la política para salir del enorme agujero de pobreza en que nos ha metido el gobierno del PP, escudándose en los principios de la troika europea que no ha estado a la altura de las circunstancias y ha olvidado una vez más los principios de solidaridad que inspiraron la Unión Europea.

Aunque la actuación del PSOE en los primeros años de la crisis también tuvo muchos errores, en este momento se ha empezado a rectificar y vuelve  a ser una herramienta fundamental para la recuperación de los derechos y la dignidad de los ciudadanos.

Sería deseable, respetando el derecho de los convocantes a reivindicar lo que quieran y de la manera que estimen oportuna, que en 2016 una convocatoria como la del 21M tuviera un eco menor porque los problemas planteados en ellas se estaban abordando y resolviendo sin necesidad de ese tipo de manifestaciones.

27 marzo 2014

En torno al 22M

La convocatoria de las marchas por la dignidad del 22 de Marzo ha tenido un gran éxito de participación, siendo imposible saber datos concretos pues nadie, en otros tiempos lo hacía algún períodico, se ha preocupado de dimensionar la manifestación.

Desde luego los 36.000 manifestantes que dice el gobierno es una cifra ridícula y los 2,5 millones que aportan otras fuentes, es a todas luces muy exagerado.

Además de las 6 columnas que vinieron caminando, que parece que totalizan  unas 2.000 personas, llegaron 800 autobuses y 14 trenes, lo que da una estimación de que llegaron de fuera de Madrid unas 12.000 personas más las que vineron por sus propios medios.

En consecuencia, la inmensa mayoría de las decenas o centenares de miles de manifestantes fueron, como en las últimas ocasiones, ciudadanos madrileños.

Estos datos indican que, con independencia de los propósitos de los organizadores de las marchas, la ciudadanía tiene un alto grado de indignación y está dispuesta a apoyar cualquier movimiento de carácter reivindicativo.

La administración de la manifestación corresponde, lógicamente, a sus organizadores y, en ese sentido, creo que han cometido un error estratégico al intentar prolongar la protesta más allá de la marcha del sábado.

Pasar de las decenas, o incluso centenares de miles de manifestantes del sábado, a los pocos cientos de acciones posteriores, como el rodeo de La Bolsa, no conduce más que a disminuir el éxito de la manifestación.

La marcha por la dignidad es un eslabón más, muy importante desde luego, de la cadena de actos reivindicativos que se han producido y se seguirán produciendo en España, que tienen como único final posible el desalojo del P.P del gobierno de la nación, de las CC.AA y de los ayuntamientos. Este objetivo debe conseguirse no solo desde la calle sino también apoyando a la izquierda en los procesos electorales próximos.

Sería una contradicción que las movilizaciones actuales no se complementaran con una alta participación ciudadana en las elecciones europeas y, sobre todo, en las municipales, autonómicas y generales de 2015.

No se puede obviar un comentario sobre la excesiva violencia que desarrollaron algunos grupos provocadores al final de la manifestación, favorecida, también hay que decirlo, por la desorganización de que hizo gala la policía.

La participación de grupos violentos al final de las manifestaciones masivas es, desgraciadamente, inevitable, sin embargo, en esta ocasión, han actuado con un alto grado de organización y violencia que no debería ser apoyado, ni siquiera de forma implícita, por los organizadores de las marchas. La derecha ha tenido de forma gratuita, sólidos argumentos para descalificar el sentido de las protestas.

Aunque es un despropósito que la Delegación del Gobierno quiera multar a los organizadores por estos hechos, no estaría de más que la coordinadora 22M se desmarcara de sus autores. Sin duda hay detenidos que merecen todo el apoyo que se les pueda dar pero, los que golpearon en la cara a un agente caído con un adoquín, o los que protagonizaron otras acciones similares, no merecen ninguna consideración.

Una última reflexión sobre la actuación de la policía. Después de la excesiva violencia de la Guardia Civil en Ceuta con los inmigrantes, las fuerzas de seguridad parecen desconcertadas y no saben que criterio adoptar. En la manifestación del día 22 había, además, observadores de la OSCE y, seguramente esa circunstancia provocó un mayor desconcierto todavía, lo que junto con los errores de bulto, ya señalados, de algunos mandos, hizo que grupos de agentes quedaran en algunos momentos a merced de los provocadores, con grave riesgo de su vida.

Las fuerzas del orden están para proteger los derechos de los ciudadanos, incluidos los de los manifestantes y para ello tienen la opción de utilizar los medios disuasorios de que dispone en la proporción justa. Así lo han entendido los sindicatos policiales que han convocado manifestaciones de protesta en toda España pidiendo el cese de los responsables. Creo que no estaría de más apoyar también estas reivindicaciones pues los policías son también ciudadanos y es muy positivo que  también expresen sus protestas como cualquier otro.